Edición 9

Entrevista con Malena Martínez sobre su última película documental “Hugo Blanco, Rio Profundo”

por Rodrigo Ruíz y Marcela Torres Heredia

ReveLA tuvo la oportunidad de entrevistar a la directora de cine Malena Martínez, quien nos relata el proceso de su último documental “Hugo Blanco, Rio Profundo.” Esta obra cinematográfica aborda el complejo proceso histórico en el Perú de las organizaciones campesinas y grupos indígenas por la recuperación de sus tierras ancestrales ocupadas por hacendados, y la subsecuente reforma agraria. En un segundo momento, la directora nos lleva a través del personaje Hugo Blanco a descifrar sus trasegares y a reflexionar en tiempo presente sobre el histórico movimiento social, campesino e indígena.

Marcela: ¿Cuánto tiempo llevas trabajando en este proyecto?

Malena: Yo conocí a Hugo Blanco en el 2000, cuando todavía no había estudiado cine. Pero cuando estaba haciendo mi primer documental en 2007 pensé en hacer una pieza audiovisual sobre él. Las contradicciones y paradojas de su figura me fascinaron, además de parecerme relevante, ya que en el momento en que lo conocí, salíamos de la época violenta del Conflicto Armado Interno que representa un gran dolor para Perú, para las decenas de miles de indígenas y campesinos que murieron producto de esa guerra. Y para mí, Hugo Blanco se conectaba con este tema.

Desde el 2009 empecé a escribir. Primero una hoja. La sinopsis es todo lo que se necesita para presentar un proyecto a primeros financiamientos. En 2009, Hugo Blanco estuvo en un viaje por Inglaterra y yo lo invité a venir a Austria para conocerlo. Entonces le dije: “quiero hacer una película”. Tenía que conocerlo personalmente primero. Porque para hacer una película no puedes poner solo lo que te han dicho o leído; yo tenía que conocerlo y tenía que saber si todo lo que me contaban era cierto. Luego en 2013 obtuve el primer financiamiento de desarrollo para investigar y ya a finales del 2014 empecé a recibir los demás financiamientos,  por partes, y de ahí estuve trabajando a tiempo completo en el film hasta finales del año pasado (2018).

Rodrigo: ¿Cómo llegaste a la idea de hacer una película sobre Hugo Blanco?

Malena: En Perú han pasado muchas cosas. Antes de los años ochenta, cuando empezó el Conflicto Armado Interno, hubo diferentes procesos en el campo, uno de los más grandes fue la Reforma Agraria. La Ley de  Reforma Agraria fue promulgada por un gobierno militar que se autodenominó revolucionario. Pero ya diez años antes habían existido tomas de tierras; toda una expresión política y pacífica de los grupos indígenas oprimidos secularmente, y sin embargo esas luchas no se recuerdan. La historia de la Reforma Agraria en el Perú se cuenta actualmente comenzando con que un militar, tan bueno él, porque vio que hay opresión en el Perú y que eso no podía continuar, declaró la Reforma Agraria. Esa narrativa a mí me incomoda.

Hugo Blanco, mi personaje, es recordado en el Perú por mucha gente como líder guerrillero con las diferentes interpretaciones que este calificativo invoca. Existe una fe en el “guerrillero” idealizado: “querían el poder por las armas, pero nunca iban a llegar a ser esos “terroristas” de “Sendero Luminoso” parece pensarse. Yo por pertenecer a una generación posterior, nunca pertenecí a la generación que idealizó a los guerrilleros o a la lucha por el poder con las armas, al contrario, yo crecí padeciendo la pesadilla en la que ese sueño se había convertido. Yo sé que eso puede caerle muy mal a la gente de izquierda en el Perú. Pero para mí entre los actores de un grupo que dice que nunca hubiera llegado a un terrorismo y los actores de un grupo que finalmente llegó al terrorismo, en el fondo no hay mucha diferencia en tanto ambos tuvieron fe en la lucha armada. A lo que voy es, a que de base hay fe en una gran idea de estructuras militares jerárquicas para tomar el poder. Mientras que la idea de construir poder en comunidad, la fe en la horizontalidad, todo eso no solo ha sido opacado históricamente, sino que fue desvinculada del proceso que llevó a la Reforma Agraria a la propia lucha  de los campesinos indígenas en el Perú. En consecuencia, en el presente sus luchas son criminalizadas fácilmente. Se las iguala a las luchas terroristas. No se reconoce a los grupos indígenas campesinos como actores políticos que pueden decidir por sí mismos, emprender un proyecto propio; sino que se asume que un grupo de izquierda tal vez los está guiando. Esa es la consecuencia.

Malena Martínez Cabrera. Directora de Hugo Blanco, Rio profundo. Foto: Marcela Torres Malena Martínez Cabrera. Directora de Hugo Blanco, Rio profundo. Foto: Marcela Torres

 

Rodrigo: ¿Es decir que hay un discurso político-mediático que ve a los grupos campesinos o comunidades indígenas incapaces de tener agencia e incapaces de tomar decisiones por ellos mismos?

Malena: Así es. Lo mismo pasa cuando existe la mirada de “pobrecitos, son la victima de todo”. No son solo víctimas, son personas con agencia, como todos y todas. Cuando yo conocí a Hugo Blanco, en el 2000 más o menos, ese señor ya era una persona mayor, una persona de barbas blancas, no era el típico guerrillero. No era un tipo arengando a la gente, parado delante de ella. No. Era de lo más tranquilo. Además lo conocí en un congreso campesino donde él era uno más entre todos. Todos hablaban entre sí con mucho respeto, cosa que en el congreso peruano, donde las sesiones eran televisadas, no veías. Me habían invitado al congreso como periodista, esa era mi primera salida y me impresionaron dos cosas: el congreso campesino en sí mismo, la organización, la modestia y la altura con que se realizó la conversación del grupo de campesinos, de los supuestos analfabetos peruanos. Y entre todos esos representantes, quien más me impresionaba era Hugo Blanco. Allí se disparó en mi mente un mecanismo bien grande que me llevó a que intentara entender ¿por qué los países, las memorias de los países, construyen o destruyen personajes individuales y colectivos de cierto modo?

Luego de eso inicié una investigación leyendo la historia política de Latinoamérica. Tenía que entender a mi personaje, un personaje internacional que ha estado en todo el mundo. Tipo “Forrest Gump”, siempre “estuvo allí”. Estuvo durante el primer golpe de Estado a Perón en Argentina, en el año del levantamiento Zapatista en México, en Suecia cuando fue el gobierno socialista de Olof Palme también. Siempre en momentos históricos, precisos, él estuvo allí.

Aun cuando me documenté mucho, para hacer la película tuve que empezar a deshacerme de todo lo que había investigado. Hacer cine es todo lo contrario de una investigación académica, tienes que empezar a sacar informaciones para concentrarte en expresar lo esencial.

Rodrigo: Hay muchos líderes que mencionan relaciones sociales horizontales, Hugo Blanco es uno de ello,  y sin embargo ¿por qué decidió Hugo Blanco ser parte del parlamento?. ¿Crees que alguna vez sintió cierta contradicción entre los sistemas de organización horizontal y ser parte del congreso?

Malena: Sí, se ve en el inicio del documental, cuando lo reciben en el aeropuerto apoteósicamente después de su exilio; y fue así, porque de hecho lo querían lanzar como candidato presidencial también. En realidad ese tema es bien interesante y justamente por ser tan interesante y complejo no se podía hacer un abordaje superficial, y no lo abordé en el film. En todo caso, Hugo Blanco dice que cuando fue postulado para la presidencia nunca creyó que fuera a ser elegido presidente o al menos nunca creyó que de ser elegido presidente hubiera durado más de 10 días ahí, ya que ni siquiera a Salvador Allende, el cual en la perspectiva de Hugo es un reformista, lo dejaron gobernar. Entonces a Hugo no lo iban a dejar. El único sentido de hacer campaña política para Hugo Blanco era simplemente hacerla, no creía que iba a ganar. Eso es lo que él afirma actualmente. Allí hubo un desencuentro, pues mucha de su gente si quería un trabajo, una curul, y al final los de la misma izquierda lo terminaron sacando.

Portada del documental Hugo Blanco, Rio profundo 
Portada del documental Hugo Blanco, Rio profundo
 

Rodrigo: Normalmente, y parece ser un procedimiento estándar en los medios o en el cine, nunca se narran los movimientos sociales desde la colectividad, sino que se construyen desde alguien que lleva el movimiento, es decir desde los líderes.

Malena: El “star system”

 

Rodrigo: ¿Cuáles fueron las dificultades en tu película para no caer en ese sistema?

Malena: Esto fue un gran desafío desde la construcción narrativa misma, pues estamos acostumbrados a la existencia de un héroe individual. Fue una gran dificultad para mí hacer la película en Europa, con feedback europeos, pues no siempre se entendió mi intención de narrar una anti historia, comenzar el film con un héroe y terminar con una especie de antihéroe.

Hay algo que le pregunté a Hugo Blanco alguna vez, que por cuestión de decencia uno pregunta a sus protagonistas en caso haya puntos indiscretos. “Si pudieras decidir, ¿qué es lo que no quisieras que muestre de ti en mi película?” Él dijo que no quiere que lo vuelvan a convertir en el individuo que reúne las luchas colectivas. Y yo ya había captado eso en su andar político activista. Vi que él intenta hacer uso de su fama solo para hablar del movimiento campesino y de sus logros. Él decidió usar su cuerpo para transparentar al movimiento al que quizás ya una vez opacó con su fama. Si él lo opacó o fueron los medios, eso yo no lo puedo saber. Eso lo tienen que analizar mucho los estudiosos. Pero el Blanco que yo conocí, siempre intentaba transmitir el mensaje de que los mismos campesinos- indígenas hicieron su primera Reforma, eso para mí fue claro.

 

Rodrigo: Dentro de tu película, se construye un actor, es decir un personaje individual, pero el personaje yuxtapone la construcción individual con voces colectivas y el personaje se refiere en todo momento al nosotros, el colectivo y no en individual. También, en algunas críticas vertidas sobre tu película, se menciona que romantizas al personaje…

Malena: Los críticos dicen incluso que yo admiro al personaje, pero ni siquiera sustentan esa afirmación.

La superposición del “yo” por el “nosotros” en las luchas sociales o en el protagonista fue uno de los siete elementos que yo previamente había definido como centrales para narrar la historia de Hugo Blanco.

A nivel dramatúrgico la primera parte de la película es un retrato en ausencia del personaje, la segunda parte es un retrato en presencia, y cuando ya el personaje es un adulto mayor. En los feedbacks europeos esto era cuestionado y preguntaban: “¿A qué hora voy a ver al personaje? ¿Quiénes son estas otras personas que hablan de no sé qué?” En Perú cuando la gente vio la película, nadie se impacientó por esta narrativa; aquí yo sí sentía una gran impaciencia. En nuestros lugares (Latinoamérica) la gente habla más lento, repite y vuelve a decir. Es un estilo más circular. Pero yo tuve que recortar  la película para que sea asimilable en otras culturas. Sin embargo, algo positivo por estar en Europa es la distancia. En Perú hay mucho tabú para hablar de estos temas.

 

Marcela: Una cuestión que señalas son las diferencias narrativas, quizás culturales también y cómo nos acercamos a las historias, sobre todo de un personaje particular de Perú, con un financiamiento europeo. ¿Hasta qué punto te sentiste limitada, influenciada, modificada en la narrativa de tu película?

Malena: Fue un proceso bien largo. Hubo un taller de desarrollo de proyectos con material de archivo, llamado Archidoc donde se seleccionaban diez películas europeas y en el cual mi película participó. Esa experiencia me permitió comprender cómo se percibía al personaje desde diferentes lugares. Me di cuenta allí mismo, que siempre decían, “Ah, Blanco es como el Che Guevara”. En el Perú no compararíamos a Blanco con el Che Guevara, después de lo que hemos pasado. La idea romántica sobre la lucha armada en Europa, donde el romanticismo no está teñido de nada trágico, se ha quedado en los 70. Aquí no les ha salpicado la sangre de las revoluciones, como yo digo. Sin embargo al final para tener que hablar de mi personaje en Europa sí lo tengo que llamar como lo hacen aquí: “el Che Guevara peruano”. Ahora, en la película Blanco deslinda y menciona que el Che era diferente.

 

Rodrigo: Es lo que planteaba Hugo en la película cuando se distanciaba del Che y de Sendero Luminoso, ¿no?

Malena: Así es, se distanciaba así, de todos los grupos armados que buscaban el poder…

 

Marcela: Las obras cinematográficas cuando tocan temas así de sensibles, de personajes históricos, pueden llegar a tocar historias oficiales, tabúes nacionales y pueden llegar a chocar con los imaginarios que se han construido sobre tal o cual situación. Cuando tuviste la oportunidad de presentar la película en Perú, ¿sentiste que abordaste algún tipo de tabú, o de temas específicos, sensibles, que pudieron haber sido sorpresivos para ti, debido a la distancia con la que trabajaste?

Malena: A mí me sorprendió que no ha pasado todo eso que yo temía. Y lo que pasa es que Hugo Blanco siguió trabajando hasta una edad avanzada, hay todo un grupo de gente que lo conoce y ha visto sus renovaciones. Fue sorprendente cuando anuncié la película por Facebook, hubo 65 mil vistas en dos días, fue una cosa impresionante. Creo que mucha gente no podía hablar mucho de Hugo Blanco porque la malinterpretaban, pero al ver que hay una película sobre él sí sienten la confianza de dar un like o de compartir. Compartían el póster añadiendo el grito de aquella época: “¡Tierra o muerte! ¡Venceremos!”.

Es increíble cómo se rompe el tabú cuando la película es presentada por una universidad. También aquí en Europa la estrené en un festival de derechos humanos, para que no se pueda afirmar con ligereza que el film hace apología del terrorismo.

 

Rodrigo: ¿Ha habido funciones o has presentado la película en las comunidades donde trabajaste?

Malena: No, justamente ahora tuve la suerte de ganar un fondo para hacer la distribución en el Perú. Yo propuse una distribución alternativa ya que cuando entras en esta distribución comercial tienes que esperar hasta dos años para mostrar la película en comunidades. Dos años es demasiado tiempo para llevar la película a su público principal. Así que fue una suerte ganar este fondo. Entre el 14 y el 15 de noviembre vamos a comenzar con las proyecciones en aquellos lugares donde se filmó la película, como en La Convención, donde ya tenemos 5 proyecciones programadas en coorganización con personas en instituciones locales. La idea es encontrarse con gente que desde el cine hace la resistencia, para mí la autogestión es resistencia.

 

para mí la autogestión es resistencia”

 

Marcela: Te quería preguntar sobre la trascendencia histórica de la película. ¿Tienes la intención o te parece que contribuye a re-pensar los relatos históricos de Perú? ¿Hasta qué punto se podría considerar la película un documento histórico o una puerta a leer la historia desde otros puntos?

Malena: Creo que una película tiene este potencial que mencionas, cuando se le da a ésta la importancia que tiene y no es considerada como una pieza efímera. Justamente la idea de mi distribución alternativa en el Perú es viajar con la película y decir “nosotros somos solo un trozo de memoria recuperada, pero hay más por recuperar”. En esta película se cuenta una historia invisibilizada. Alude a esta gesta épica de las tomas de tierras que no está relatada al narrar la historia oficial de la Reforma Agraria. La idea es presentarla en cine-foros y preguntarle a la gente: ¿Qué iniciativas conocen en su lugar para la recuperación de la memoria campesina? Esa es la idea. Solo podrá ser un documento, si la utilizan como tal.

Yo estudié documental de creación, que es una línea del documental justamente no periodística, no informativa, sino que se enfoca en el lenguaje cinematográfico. Luego me di cuenta que, al tratar temas sociales o históricos de un lugar, te empiezas a encontrar con los prejuicios de esa mirada del lenguaje cinematográfico donde lo artístico es la prioridad, corriendo el riesgo de volverse snob. Quiera o no quiera, la gente va a usar la película como referencia histórica. Por eso en esta obra yo no puedo hablar de un tema pasándome por alto los datos o hechos históricos justificando que yo poéticamente quería afirmar otra cosa. He guardado ese rigor. A veces tuve que rehacer secuencias solo por la conciencia de que va a ser tomado como un documento y no quería desatar lecturas erróneas. Me interesa más que sea un “documento”, aunque ese término se venga desprestigiando al hablar de “cine” a que sea meramente un medio artístico para que el mundo entero se entere que pasó en mi país. Para mí, al final es una película de procesamiento de una realidad trágica que ha marcado la consciencia o inconsciencia política en mi país actual. Y para procesarla necesitamos memoria y también documentos cinematográficos.

 

 

 

 

 

 

 

 

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